dijous, 12 d’abril de 2012

Wio, siempre me viene ese ruido a las diez menos cuarto cuando llegan esas ondas de manera puntual. 
Oigo radios clandestinas en un cóctel agradable de noticias.
Menos las tuyas.

Wio, sé que la culpa la tiene esa antena gigante. 
La instalaron sin permiso y hace el alma estallar.
Al igual me he vuelto loco y a mi edad me ha dado por oír mil voces.

Y sé. 
Si acerco el odio no podré escuchar el mar. 
¿Lo ves? 
Tan sólo aquel ruido que aceptamos por verdad.
Y si el ruido es, todo lo que se. 
Un ruido que, hasta el silencio ve.
Huyamos hoy antes de las diez.
Si huimos hoy, no enloqueceré.

Wio, constelaciones de gente como un planetario de cien labios que se ignoran en sistema dual.
Para públicos y obsesos que en la noche se sinceran y se crecen. 
Qué valientes.
Wio, alguien en una terraza gritando te amo.
Una suave interferencia culpa al viento solar.
Un poema embotellado que en estéreo ha aterrizado en mi inconsciente.

Y sé. si acerco el odio no va a aparecer el mar.
¿Lo ves?
Tan sólo aquel ruido que aceptamos por verdad.
¿Lo ves? 
Si somos dos islas en un mar que es gris ciudad. 
¿Y quién? 
¿Quién de los dos se atreverá a hablar?

Y si el ruido es, todo lo que sé.
Un ruido que hasta el silencio ve. 
Huyamos hoy antes de las diez. Si huimos hoy, no enloqueceré.